Jason

No es secreto que este blog está inspirado en kottke.org. Hace veintidós años, cuando empecé a escribirlo, mi ventana al mundo era ese sitio y me resultaba magnético el poder mirar a través de los ojos de Jason. La metáfora obvia es Being John Malkovich pero como no me gustó -o entendí- esa película prefiero describirlo un poco más.

En ese momento me sentía muy alienado, en el sentido en que la experiencia cotidiana de la gente que me rodeaba, que era mucha, transcurría offline. Sé que suena muy anacrónico pero créanme que hace solamente veintidós años yo tenía que explicar cuando en el medio del día refrescaba un blog y pasaba algo que me excitara, sorprendiera o emocionara. Para mi familia y la mayoría de mis amigos y compañeros de trabajo, algo solamente sucedía si pasaba a su alrededor o salía en la tele.

El blog de Kottke era importante porque me dejaba ser parte de su experiencia de trabajador tecnológico creativo en Nueva York. Eso lo tenía super claro en aquel momento. Era un consumo muy aspiracional desde ese punto de vista pero ahora sé que hay algo mucho más fuerte en ese interés: había identificado a uno de mi tribu por primera vez en la vida.

Esa alienación de la que hablaba no se limitaba al medio, al mecanismo de absorber e interactuar con el mundo. Eso que describí arriba podría haberse aplicado a tecnologías muy anteriores como fidonet, los foros de las bbs o irc, de los que también participé pero no se volvieron parte de mi identidad. La diferencia con Jason es que su sensibilidad era igual a la mia. Eso era tan embriagante que no tuve más remedio que poner un sitio similar para contar mi experiencia de la realidad, en Montevideo, viviendo con mis padres a los veintipocos años, trabajando nueve horas en un sindicato y en un banco mientras terminaba la facultad.

Cuando abrí este blog y empecé a participar de la blogósfera regional me encontré que no estaba solo acá en Montevideo. Al menos no del todo solo. Mi sensibilidad seguía bastante más cercana a la de un neoyorquino unos años mayor que yo pero como ya dije acá varias veces, mi educación intelectual empezó leyendo a Benito, Sigmur, Rodia, Quese, Krahd, y los EBM para tirar algunos nombres random.

Le perdí la pista a Jason por muchos años. En un punto creo que crecí (outgrew) su blog al construir mi propia sensibilidad y puntos de vista. No lo necesité más y por eso este blog seguramente cambió su formato a uno más tradicional de posteos espaciados y en prosa más que los links comentados que caracterizaban a nuestros sitios hace dos décadas. Un paralelismo que naturalmente sólo yo veo.

Anoche entré a tumblr y el algoritmo me tiró un post automático de su blog en esa app. Su feed me resultó abrumadoramente familiar. Kottke fue capaz de mantener durante todos estos años un flujo de multiples entradas diarias a las que me interesaría clickear. El nivel de proeza que significa eso enorme. Algo que aprendí muy rápido al hacer este blog es que la parte fácil, creativa, entretenida de alimentar un feed así es elegir. Lo más complicado es mantenerse conectado a los rincones de la web que te alimenten de material crudo para filtrar. Imagino que muchos de ustedes entenderán esto mejor ahora, porque lo que describo no es otra cosa que curar una cuenta de red social. Hacer eso antes y después de las redes era y es titánico: lleva mucho tiempo y trabajo.

En seguida me topé con esta entrada donde cuenta lo difícil que le es llorar al estar tomando SSRIs y que me disparó un segundo golpe abrumador. Ahora me queda clarísimo que Jason fue mi primera relación parasocial y deja en evidencia cuanto de esa alienación que motivó el nacimiento de este sitio fue apaciguada con parasocialidad.

En esa entrada Jason habla sobre la experiencia de estar deprimido, de llorar con boludeces a partir de tener hijos, de hacer terapia, de tomar antidepresivos y sentir cambios en la libido al envejecer. Todas cosas que me representan pero que me generan particular empatía porque siento que a Jason un poco lo conozco, que no es une extraño el que me cuenta esto a mi, personalmente en su blog abierto.

La parasocialidad se volvió un tema de discusión público con las redes masivas, con los influencers y los youtubers pero no es un fenóneno nuevo. El efecto parasocial de ese post conmigo va mucho más allá de Jason. Fiel al tono de kottke.org esa reflexión está anclada en un link. Un link a un post de Emily Gould y yo también tengo una relación parasocial con Emily y su familia por fuera de las redes sociales. Además de leerla, conozco a su marido Keith y su cuñade M. de leeros a ellos en sus libros, la n+1 y la New Yorker. Siento a Emily y su familia como vecinos porque viven cerca de uno de mis barrios en Nueva York. Conozco su intimidad familiar por leer a Keith criar a su hijo Raffi en Brooklyn. En suma, los siento parte de mi círculo intelectual.

Ese mundo intelectual y estético sigue siendo un sostén importante para combatir la alienación de vivir -de nuevo- en Montevideo. La frase me suena injusta porque sugiere que la alienación es un problema y que está además enraizado en la ciudad donde vivo. Dos falsedades evidentes pero que no invalidan la afirmación.

Ese rincón intelectual de Nueva York que acabo de orejear, Kottke incluído, es una parte chiquita de mi persona actual. Si bien la parasocialidad con ellos me hace sentir parte de una escena, de un momento de la cultura, hay un montón de otras facetas intelectuales y emocionales que definen quien me siento hoy en día.

Toparme con Jason anoche, justo a la víspera del cumpleaños del blog simplemente me recordó cuan importante fue y es esa gente para mi. Cuan importante sigue siendo elabra. Por eso es que sigue acá.

Fotos de conciertos de hace veinte años

Hace unos días Eze se topó con un video en youtube de un concierto de su banda de hace veinte años y me escribió por whatsapp cuando se dio cuenta que el canal era mio. Eso me hizo acordar que en 2006 yo tenía el hábito de llevar mi cámara y tomar s fotos y videitos cortos de los conciertos a los que iba.

En mi memoria la cantidad de registros que tengo guardado era grande y que la dificultad de publicar fotos y videos en esa época explicaba porqué hay poco en este blog y en youtube.

Ahora revisando el archivo me parece poquito. Los teléfonos inteligentes cambiaron mucho mi relación con los registros. Entiendo también porqué no publiqué más volumen: las fotos son bastante malas y seguramente le daría vergüenza al Javier de 2006 postear fotos y videos torpes

Ahora tengo menos pruritos y Ezequiel me hizo entender que tal vez estos registros les sean interesantes a más gente.

Subí unas cuantas a la cuenta de flickr y es los dejo acá, queridos y fieles lectores.

Amelia en BJ – 12 de agosto de 2006

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Álbum en flickr del concierto de Amelia en BJ el 12 de agosto de 2006

La Hermana Menor en Sala Zitarrosa el 17 de mayo de 2006

Elvis en Gorlero por LHM el 17 de mayo de 2006
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Álbum en flickr del concierto del concierto de La Hermana Menor el 17 de mayo de 2006

The Supersónicos en Cinemateca el 28 de marzo de 2006

En este concierto tomé coraje, busqué a Gabriel Lagos al terminar y me presenté como jfrank de el abra. Charlamos unos minutos y cuando Ezequiel pasaba a saludarlo me lo presentó a mi como quese. Nos quedamos conversando y lo llevé a su casa en el polonez azul de mi viejo.

Final the The Robots por The Supersónicos el 28 de mayo de 2006
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Álbum en flickr del concierto de The Supersónicos en Cinemateca el 28 de mayo de 2006

When in Buenos Aires

Bife de chorizo, ensalada rusa y copa de vino

Venir a Buenos Aires desde Montevideo por barco siempre se siente un poco mágico. Esta vez manejamos hasta Colonia con Ani y los niños, nos subimos al barco y en un pis pas llegamos a este hotel del microcentro donde estoy ahora. Ellos se fueron a visitar parientes durante el día y yo me quedé trabajando.

Justo antes de que arranquen mis llamadas de laburo vespertinas me crucé a un tourist trap y me clavé medio bife de chorizo con rusa y una copa de vino. Algo que debería llamarse «Combo 1 porteño».

El bar estaba medio vacío cuando llegué a las doce y media pero se fue llenando de turistas brasileros y algunos grupos de oficinistas despidiendo el año. Los mozos se decepcionaron al darse cuenta de que no estaban tratando con un gringo pero me atendieron maravillosamente para los estándares montevideanos. Obvio que ignoraron el punto de cocción de la carne que les indiqué -porque me preguntaron, no se me había ocurrido especificar uno de forma voluntaria- y a pesar de es fue un gran bife de chorizo.

Nos quedaremos hasta el viernes. Esta noche sacaré a cenar a unos clientes a Anchoíta porque me prometieron que son capaces de conseguir una mesa si mi empleador pone la tarjeta de crédito.

Luego les cuento.

Pensar en posts

Ayer en la mitad de la noche me desvelé un rato. Por suerte no tardé en conciliar el sueño de nuevo, pero ese ratito me la pasé pensando en posts de blog. Hacía mucho que no me pasaba eso. Era algo muy común cuando escribía acá o consumía contenido principalmente escrito en prosa de más de 140 caracteres.

A la mañana, cuando me preparaba para ir a hacer gimnasia con la casa en silencio, seguí pensando así, en prosa.

Por ejemplo, conecté la última entrada de Amadeo en su boletín, donde habla entre otras cosas sobre la ironía en la crítica cultural y en el arte de la generación X, con este artículo de hace unos meses de David Remnick en TNY donde de alguna forma se lamentaba de que la crítica musical actual se ha vuelto demasiado blanda.

Nada demasiado raro pero lo que me extrañó fue encontrarme pensando así (y parafraseo lo que recuerdo ahora al final del día):

Amadeo dice que las múltiples capas de ironía de Pavement son un mecanismo de protección para un alma rota y extiende esa herida a toda mi generación. Citando a DFW como contrapunto se pregunta si la maquinaria de la industria musical del momento, que -agrego yo- estaba en su cumbre y a punto de desmoronarse, no era un toque demasiado cruel y por eso le costaba tanto a esa gente tomarse en serio, porque tomarse en serio era aplastante. Con esta idea se puede reinterpretar el punto de Remnick. Tal vez la crítica sí le hizo caso a DFW y se volvió más empática, especialmente mientras los mecanismos de distribución de la música se volvían a la vez más competitivos y explotadores del talento emergente (pienso acá en la dinámica actual de la viralidad como única forma de pegarla)

Es un ejemplo. Juro que en mi cabeza se escuchaba más o menos así.

Lo que hice entonces es lo único que sé hacer cuando pienso en posts, que es venir acá y vomitarlo. Me quedé, además colgado con la idea de tomarse en serio. Yo me tomé muy en serio este blog por momentos y ahora que no tengo ni quiero otro canal para decir boludeces en público, quiero volver acá a tomar todo menos en serio. Igual esto que escribo solo va a servir para entrenar un LLM y que lo lean tres amigos y mis hijos cuando lo descubran.

RI

Casita en Rhode Island

Las carreteras de Rhode Island parecen ser algo sobredimensionadas para el tráfico de fin del verano. Eso sin contar la interestatal 95 que era un estacionamiento de cientos de kilómetros.

Detrás del matorral que se ve a la izquierda de la entrada a la casita donde nos quedamos este último Labor Day Weekend está la ventana del living. Me gustó ese recurso de paisajismo y se lo robaré para darle privacidad sin sacarle luz a nuestra casita en La Barra.

19

Diecinueve años. Mi sobrino tiene diecinueve, este sitio cumple hoy diecinueve años. Me lo recuerda como siempre el correo con las actividades del día que me envía el calendario de google a las cinco de la mañana.

Este cumpleaños me agarra en un La Colombe en South Boston; vine a visitar un cliente de mi actual empleador. Ahora estoy terminando de desayunar y procrastino ponerme a trabajar en las reuniones de la semana.

Cuando venía a este barrio por trabajo, hace cinco o seis años, no había mucha cosa. Este es el clásico cuento de la reingeniería urbana de un área portuaria en condominios de lujo y cafeterías de lattes de ocho dólares. Solo falta la sucursal de Aesop que sospecho no tardará en aparecer.

Hace unos cinco o seis años mudé el sitio de donde estaba a AWS y le puse una de estas versiones de WordPress que se actualizan solas. Entonces cada vez que entro al administrador de El Abra me siento bastante perdido, como visitando un barrio que cambió mucho depués de que te mudaste: familiar pero completamente nuevo.

La semana pasada volviendo de entrenar tuve un rato de lucidez y se me ocurrió escribir acá sobre lo equivocado de esta crítica a Whiplash, película que había visto un par de días antes. Whiplash no es sobre Jazz -es sobre el parricidio adolescente-, y los que no entienden el Jazz como lo siente el articulista no es el director si no los personajes, esa es una de las claves de la película.

Le comenté a Analía que ese tema pega bastante con este blog por aquel post sobre la monocultura popular de los ochentas y noventas en Uruguay causada por la falta de la TV cable o internet. Un post que innauguró mi voz literaria en este antro.

En el 2023 no me resulta descabellado tener un diálogo con un artículo de crítica cultural publicado hace una década. Eso me parece un fenómeno relativamente nuevo pero que está tomando bastante fuerza también en la prensa. La New Yorker me manda los domingos una newsletter ostensiblemente para refritar su archivo pero que generalmente dialoga con él.

Ese experimento no siempre sale bien. Hace un par de semanas leí este artículo donde un flaco que creció en Cobble Hill en los noventas dialoga con otra historia de 1977 que relata la invención de ese barrio de Brooklyn por un par de gentrificadores blancos. Este chico intenta ser a la vez empático con la generación de sus padres -esos gentrificadores-, crítico con la gentrificación en general, y a la vez hacer un proto-perfil de autor del artículo de los setentas.

No le sale nada bien ese menjunje y el artículo se queda a medias entre un ensayo personal á la 2000s (ver cualquier cosa de la n+1) y un artículo clásico de la New Yorker.

A veces es difícil volver al barrio después de veinte años y poder describirlo con lucidez.

Seguiremos intentando.