Todas mis pertenencias físicas se encuentran en cajas de cartón corrugado, algunas ya en su destino, otras todavía por acá.
Como en toda mudanza, esta desenterró algunas cosas que hace años no veía, entre ellas un periódico escolar de 1987, preservado por la singularidad de contener un texto de mi autoría.
A pesar de recordar vagamente mi malestar por la edición inconsulta de algunos párrafos, me sorprende mucho ver ciertos elementos estilísticos de mi prosa que aún mantengo, y que podría incluso catalogar como característicos de mis ocasionales textos.
A no confundir, no me molesta saberme cerca del nivel literario que tenía a los diez, pero uno nunca termina de sorprenderse lo poco que cambia en 20 años.


