Lo que pasó el viernes en la ciudad vieja, y sobre todo sus repercusiones, me deja la impresión de estar todos desacostumbrados a que pasen cosas como esta. Capaz que tuvimos demasiados años de, primero, inimaginabilidad de algo asi, y luego de autocensura. Tanto que se creó la falsa idea de que aca no hay gente con ganas de romper vidrieras, salvo para afanar algo, o festejar que ganó peñarol.
En ese contexto, miro de lejos, demasiado tal vez, lo que está pasando en Francia. Recuerdo que hace un par de meses leí un artículo no muy bueno y que ahora no encuentro online, que hablando del estado de ánimo francés (años de crisis, y la reciente pérdida de las olimipadas del 2012), comentaba que a pesar de que muchos analistas consideraban el ambiente propicio para una revolución, no había nadie capaz de comenzarla, e incluso se preguntaba ¿quien se va a alzar?, ¿los chicos de los suburbios?, puede ser, pero en ese caso tendremos riots, pero no una revolución.
Revolviendo blogs franceses, los que no han cerrado todavía sus administradores, encontré una convocatoria para el 12 de noviembre en Champs Elysees a la émeute más grande de la historia de francia, y mientras escribí este post, desapareció.


