
Hacía mucho calor, tanto que me resulta dificil de describirlo en palabras. Es que así es madrid en verano. La única analogía que se me ocurre, es la del aire que sale del horno, cuando uno quiere ver si lo que se encuentra adentro está listo.
Pero este post no tiene nada que ver con el calor madrileño, sino con el stencil que me encontré frente al MNCARS, el museo de arte contemporáneo Reina Sofía que me aprestaba a visitar, luego de haber comido un bocadillo de calamares, justo al lado de donde tomé la foto con la que estoy ilustrando este razonamiento.
Durante más de dos meses caminé por distintas urbes, entre otras cosas prestándole atención a las distintas formas de arte urbano existente en cada una de ellas. A un mes de haber regresado, todavía me debo, les debo, una recopilación de las fotografías que tomé de lo más representativo, o mejor dicho, de lo que más me llamó la atención. Y a un mes de haber regresado, me acuerdo de ese stencil en atocha, y me acuerdo de entrar al sitio web de esa gente, y me encanta lo que veo.
Y a un mes de haber regresado, y a sabihendas de que no he recorrido mucho esta ciudad todavía, noto que a los stencils del Pepe, y alguna otra pintada preelectoral, se les ha comenzado a sumar un pequeño grupo de nuevos stencil, y hasta algún sticker.
Pero cuando veo avisos de Urbana en formato stencil, me inquieto. Me inquieto porque olfateo que estas formas de expresión sufrirán el mismo efecto que tantas otras, ese proceso de snobización capáz de convertir el más auténtico de los desesperados gritos sociales, en modas para penejos posers con guita.
Yo quiero ver graffitis, stickers, stencils y lo que sea que se invente después, hechos por planchas, por murgueros, por artistas gráficos, por liceales y claro, también, por pendejos posers con guita, porque no es cuestión de discriminar a naides, ellos seguro tienen algo para decirnos en las paredes de la ciudad también.
Este deseo, motivado por la afinidad con el medio de expresión (no me animo a llamarlo arte, porque sería muy restrictivo y poco ajustado a la realidad) y el temor a su banalización, no me impide entender las fuerzas detrás del proceso. Me resulta bastante claro que estas cosas se expanden mediante la copia, y se enriquecen mediante la mutación. Y para copiar o mutar stencils, graffitis y stickers, hay que viajar u, hoy por hoy, vivir colgado de internet, como vos, como yo, como todos los pendejos poser y como los publicistas de la radio que más escucho, fuera de mis MP3.
Pero el entenderlo, no me impide desear que Montevideo se llene de expresiónes originales, que nos digan a nosotros y a quiensea que nos visite, qué es lo que pasa en la ciudad gris.